Considerada por muchos la obra maestra de Miguel Ángel, la Pietà (del latín Pietà: "Sentido del deber", "Devoción hacia los dioses") fue esculpida por el artista en mármol entre los años 1498 y 1499 cuando el escultor contaba con apenas 24 años. La Pietà es la única obra firmada por Miguel Ángel, lo que nos indica la importancia que le dio el artista a ésta obra en particular; obra que causo gran polémica por el rostro de la Virgen de una juventud muy notoria en comparación a la de Jesús, a lo que Miguel Ángel respondió: "Las mujeres enamoradas de Dios no envejecen", afirmación en la cual probablemente se encuentre una segunda lectura esotérica que pocos habrán visto.
Es necesario comprender que todos nosotros tenemos a nuestra Madre Divina particular, el aspecto femenino de Dios (nuestro Padre) y que a ella debemos recurrir para que nos asista en la desintegración de nuestros defectos internos. Esto es una verdad esotérica que se conoce desde la antigüedad misma de nuestros tiempos y que se entregaba de iniciado en iniciado. Las Notre-Dame de Francia, los cultos a las Vírgenes Negras, a Isis, a Cibeles, etc., apunta a esa adoración a la Madre Divina, a ese respeto y devoción para que nos asista en nuestras suplicas. Es casi seguro que esto lo sabia Miguel Ángel y posiblemente este sea uno de los motivos de esculpir grandiosa obra. Una cosa es más que claro, con la Pietà, Miguel Ángel creo una verdadera obra maestra que a nadie deja indiferente, incluso aunque no se haya tenido el privilegio de haber visto en vivo, las fotos que de ella se encuentran lo dejan a uno sin aliento al descubrir cuanta vida se puede lograr en una escultura.




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