martes, 9 de noviembre de 2010

La Vida en la Antigua Creta


La Vida en la Antigua Creta
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En 1870 comenzaron las excavaciones en la colina de Hissarlik, dirigidas por Heinrich Schliemann, que desembocarían en el fabuloso descubrimiento de las ruinas de la mítica ciudad de Troya. El amplio eco suscitado por este descubrimiento indujo a Arthur John Evans, el hijo de un arqueólogo, geólogo y numismático, a buscar en el área del Egeo. Allí, en Creta, en la colina de Kefala descubrió el antiguo palacio de Minos en Knossos, descubrimiento que le valió la celebridad y multitud de honores académicos, además del honorífico título de sir y la preciada medalla Copley.

Lo que allí descubrió fue la resolución de un misterio, que al igual que Troya, hunde sus raíces en las leyendas mitológicas: Minos, el rey hijo de Zeus, padre de Ariadna; el que encargó la construcción del laberinto, guarida del espantoso minotauro al cual dio muerte Teseo.

Los restos encontrados pueden datarse en torno al 1500 a.C., tiempo en el que floreció la espléndida Civilización Minoica (como la bautizó Evans). Esta civilización señoreó el Egeo y dominó las Cíclades, acabando con la piratería y estableciendo una "Pax Minoica", quizás la etapa de paz más duradera de la Historia, que dio paso a la edad de oro de Creta.

Los Minoicos eran un pueblo marino y creador. Por sus vestidos, pinturas y artesanía encontrada, parecen un pueblo sensible, inteligente y amante de la paz (cosa a la cual contribuyó el vivir en una isla, fácilmente defendible y al dominio marítimo y mercantil). Las pinturas murales sugieren claramente que el deporte nacional que practicaban ambos sexos era el "salto del toro", ritual que precedía el paso a la vida adulta. Mientras los griegos Micénicos o Aqueos eran fogosos y belicosos, los reyes Minoicos poseían enormes palacios sin fortificar, con cámaras ventiladas y colores claros. Su comercio con el pueblo Egipcio les produjo numerosos intercambios culturales.

fresco~2.jpg (32517 bytes)La riqueza de los frescos y grabados nos da una idea de la vida e historia de los Minoicos; a modo de ilustración, ya que la lengua escrita no ha podido ser descifrada. Así, descubrimos que los hombres eran de pelo oscuro, largo y rizado y de cuerpo esbelto, y que generalmente iban afeitados. Las mujeres se pintaban los labios y los ojos y lucían complicados peinados, teniendo la costumbre de llevar los pechos al descubierto y los vestidos entallados en una "cintura de avispa".

Este país rico y hermoso, densamente poblado (la isla de los bienaventurados como la llamaban algunos autores antiguos), gozaba de la abundancia de productos naturales de su mar y de su tierra que hacían de la isla potencialmente autárquica: Aceite de oliva, miel, pescado, higos, otras clases de frutas y muchas hierbas aromáticas y medicinales.

No tenían dioses, sino una serie de diosas, a las cuales no edificaron ningún templo ni monumento. Quizás solo tuvieran una sola diosa, la gran madre tierra, a la cual adoraban en grutas como la de Psychro, ofreciendo figuras de marfil con su imagen y colocándolas en los huecos de la caverna, siendo famosa la figura de la "Diosa de las serpientes".

Desdichadamente, varios terremotos e inundaciones producidos por actividad volcánica en alguna isla cercana, sepultaron las ciudades y dispersaron a la población minoica que se mezcló con la civilización micénica para formar las bases de la Grecia antigua.

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